¿Estás en tu casa?
INT
Celina Artigas
editora / escritora
periodista
Pienso, solo, cuánto tiempo hace que no
preguntamos eso. Y desde dónde lo hacíamos. ¿Era cuando llamaba el otro? ¿Era
ante la posibilidad de devolver una llamada a un lugar donde sonara sin que
nadie levantara el tubo? ¿Era por la previsión de devolver la llamada a tiempo,
antes de que alguien dejara de estar allí?
Después, dejó de importar. Todes pudimos encontrarnos en cualquier momento, en cualquier lugar. El gimnasio. La playa. El baño. El trabajo. La cama. La mesa colectiva. Un traficc jam. El semáforo rojo, verde o amarillo. Un supermercado. Cruzando la calle. Entrando a un negocio. Comprándole comida al perro. En clase. Dejando a los niñes en el cole. Rompiendo otras conversaciones. Por whatssap. Por mail. Por facebook. Por instagram. Que logramos creer que ya no había fronteras. Que logramos desafiliarnos de cualquier sentimiento de pérdida, de distancia, de necesidad real del otro...
Hoy… -¿qué cambió desde ayer? Pero algo cambió tanto-, entre otras cosas, la pregunta inicial vuelve a tener sentido. Para estar todos de vuelta en la vida juntos cada cual deberá estar hoy en su sitio. Y esos sitios íntimos que se han vuelto tan surcado por las tecnologías y la indistinción de estar adentro o afuera o con quién, porque para la comunicación es lo mismo.
Pero hoy no podemos cruzar fronteras. Y eso lo cambia todo. Hoy estar en casa tiene un sentido. Quizás, en principio, para la comunicación con uno mismo. Estar con todo lo que tiene y con lo que no tiene la presencia real. Estar en el lugar, en el momento. En el minuto a minuto. En un estado de guarda.
Después, dejó de importar. Todes pudimos encontrarnos en cualquier momento, en cualquier lugar. El gimnasio. La playa. El baño. El trabajo. La cama. La mesa colectiva. Un traficc jam. El semáforo rojo, verde o amarillo. Un supermercado. Cruzando la calle. Entrando a un negocio. Comprándole comida al perro. En clase. Dejando a los niñes en el cole. Rompiendo otras conversaciones. Por whatssap. Por mail. Por facebook. Por instagram. Que logramos creer que ya no había fronteras. Que logramos desafiliarnos de cualquier sentimiento de pérdida, de distancia, de necesidad real del otro...
Hoy… -¿qué cambió desde ayer? Pero algo cambió tanto-, entre otras cosas, la pregunta inicial vuelve a tener sentido. Para estar todos de vuelta en la vida juntos cada cual deberá estar hoy en su sitio. Y esos sitios íntimos que se han vuelto tan surcado por las tecnologías y la indistinción de estar adentro o afuera o con quién, porque para la comunicación es lo mismo.
Pero hoy no podemos cruzar fronteras. Y eso lo cambia todo. Hoy estar en casa tiene un sentido. Quizás, en principio, para la comunicación con uno mismo. Estar con todo lo que tiene y con lo que no tiene la presencia real. Estar en el lugar, en el momento. En el minuto a minuto. En un estado de guarda.
Parar. Reparar. Volver a conocer los límites de
lo físico, de la materia, de la biología. Los límites personales. Los límites del
control. Los límites del desenfreno, de un aparente estado de disponibilidad
permanente. Los límites de la posverdad.
El mundo es materia. Se prende fuego en serio y
aún es cierta la ley de gravedad. Seguimos siendo animales. Podemos morir.
Podemos llorar. Podemos pensar nuevamente cada cosa atropellada en esa carretera vertiginosa en la que andábamos subidos. Hoy las calles son desierto. No anda un alma.
Podemos crecer. Podemos cambiar el rumbo. Podemos crear nuevas defensas, nuevas vacunas, nuevos lugares, nuevas formas de estar juntos y en relación con nuestra naturaleza. Podemos mejorar los sistemas, los hábitos, las culturas, la humanidad.
Podemos crecer. Podemos cambiar el rumbo. Podemos crear nuevas defensas, nuevas vacunas, nuevos lugares, nuevas formas de estar juntos y en relación con nuestra naturaleza. Podemos mejorar los sistemas, los hábitos, las culturas, la humanidad.


Comentarios
Publicar un comentario