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La sed

    Un recorrido que empieza en el norte y termina en el sur…  La historia de cuatro hermanos, los Murgier. Y de dos bares, Brûder y La Paloma.  Una cerveza que quiere señalizar de otra manera a una ciudad y una proyección al borde de la tierra conocida.   ¿Habrá sido en Hop –pueblo de Bacon, condado de Dutches, en Nueva York– el lugar donde apareció la revelación? Al menos el nombre del bar (lúpulo) suena auspicioso. Sí fue, seguro, en ese pueblo a una hora y veinte de Manhattan en que el proyecto comenzó a fermentar.  La mañana estaba fría y soleada en White Plains –un barrio más allá del Bronx, Los Yonkers y Nueva Rochelle– y el plan de los hermanos Murgier era ir rumbo al norte.  Bajaron la escalera que separaba su casa en un primer piso del pasillo común al ph… y en la trotadora el Volvo negro empezó a rumiar. Iban a ir hasta Beacon: un pueblito de montaña, colonial, situado antes de que se angoste el río Hudson donde les habían dicho que hacían...

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